En los momentos más difíciles de mi vida me he preguntado si esto que vivimos en verdad vale la pena. En los momentos donde sólo he escuchado mi propio llanto me he preguntado si es bueno desnudar el alma. En los momentos de crisis me he preguntado si vale la pena traer más niñ@s al mundo. En los momentos de mayor incertidumbre me he preguntado si hay alguien del otro lado que pueda ayudarme. En los momentos de mayor oscuridad me he preguntado, si mi voluntad bastaría para llevarme lejos de este mundo. Y al final una pregunta más ha saltado:

Si estuviera a punto de irme de este mundo… ¿Desearía quedarme? ¿Desearía volver?

Pese a que no cargo grandes dolores en el alma, como muchas otras mujeres que en verdad son heroínas, me he hecho muchas preguntas, me he cuestionado y he dudado. Y un día de golpe llegaron todas las respuestas de una sola vez.

Casi que en un segundo comprendí que esta vida vale todo el amor porque la felicidad de los breves instantes y la mágica fusión entre los seres humanos que nos relacionamos, nace precisamente a través de la tristeza, del dolor y la angustia de jugar y perder. La felicidad es el opuesto de la tristeza y por eso van juntas donde quiera, e intentar separarlas es perder el tiempo. Así entendí que por esos breves episodios de felicidad es que pedimos nacer aquí.

Y entonces imagino que hay una larga fila de seres de luz, totalmente puros de corazón, llenando algunos formularios para entrar en un sorteo que les permitirá ganarse un lugar para nacer en la Tierra. Poco a poco una voz celestial va mencionando a los seres ganadores del privilegio y se abrazarán unos con otros antes del viaje. Algún tiempo después los elegidos nacerán. Su misión será compleja y necesitarán grandes dosis de amor hacia sí mismos (más que nada) para vivir aquí. Algunos de ellos representarán personajes oscuros, siniestros, extraños, lejanos, tristes. Algunos otros representarán personajes luminosos, plenos, amigables, cercanos, alegres. Ambos grupos representarán la unidad y pase lo que pase jamás se separarán porque son parte de lo mismo. La consigna del grupo luminoso será: observar al mundo adentro de sí, sea como éste sea, y esta prevalecerá.

 

 

Cuando el ser de luz envuelto en un cuerpo físico, toca esta dimensión, experimenta el dolor en el alma y comienza a vivir olvidando por completo quién es y quiénes son los otros seres que hay a su alrededor. Y así en medio de sus propias batallas inicia su trabajo de luz, el cual tendrá siempre como eje, su conciencia, su alma, su ser, que es el espacio virtual donde se da toda la experiencia humana.

Después de que toda esta explicación surge desde algún lugar para mí, entiendo que estamos aquí para aprender a desnudar el alma, que el nacimiento de cada ser que ha elegido venir a este mundo, es una oportunidad más para la especie humana, que la ayuda viene integrada en el cuerpo espiritual, que la voluntad de la mente pensante no es suficiente para dejar atrás todo esto y que si la mente, que en ocasiones lo controla todo, tuviera el poder de decidir mi regreso a la luz, de seguro yo querría volver aquí (hablo por mí). Que los no nacidos, ah pues el recorrido que necesitaban sus almas era corto. La inteligencia divina todo lo toma en cuenta.

Así comprendí que esta vida también vale la pena, que las lágrimas también son siembra y que la risa es cosecha, que reconocer la propia fragilidad es una muestra de lealtad, que la vida va tomando valor a partes iguales por los aciertos y por los errores, así como por las caídas que nos permiten observar la tierra desde otro ángulo, por los estancamientos y los retrocesos que sólo son otro modo de avanzar. Así comprendí que estamos aquí porque una mujer en un acto único de amor consciente (o inconsciente) nos regaló la posibilidad de vivir y de conocernos, que la vida es bella aunque algunos sueños parezcan romperse y digo que parecen romperse porque jamás se rompen, sólo se transforman en polvo de estrellas, mismo que usarás una y otra vez para re crearte y para fabricar más sueños, más momentos, más fantasías y más realidades.

Tú eres esa realidad para mí y aunque estoy lejos de ser perfecta, amo mi ritmo, mi cadencia, mi prisa y mi calma, mi duda y mi certeza, amo el haber descubierto que nada sé y que en medio de todo esto, me amo en ti.

Finalmente he dejado de hacerme preguntas e incluso he dejado de preguntarme el por qué me pregunto por qué. Ahora reconozco la perfección en lo que es. Amarlo todo es el secreto.

 

Gracias por leerme.

 

Vivi Cervera

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