Si con algo ayuda el tiempo es con el hecho de enseñar. El tiempo nos enseña a vivir, nos enseña a mirar, nos enseña a clasificar qué es lo que verdaderamente importa. Es por eso que quizás las partes más importantes de nuestra vida, las que mejores personas nos hicieron, fueron aquellas en las cuales caímos, nos derrumbamos, nos herimos y casi que nos quisimos ir. Así que no cambio el tiempo que he vivido en este mundo, no cambio por ningún dinero mi experiencia.

¿Qué pasa cuando surge un dolor físico? (Aunque este escrito se adapta a cualquier situación poco fácil de tu vida).

La primera palabra que debe cruzar nuestros labios es gracias.

Porque el dolor físico es la señal de que hemos culpado a alguien (nos sentimos culpables), de que nos sentimos tristes, de que experimentamos un enojo inconsciente, y de que hay información que podemos dejar ir. Aunque puedas sentir con tus manos que esa parte duele, aunque la percibas hinchada, lo que dejamos ir es información, emociones atrapadas, palabras que escuchamos, palabras que dijimos, palabras que pensamos, palabras que nos decimos, conflictos, ofensas, agravios, entre otros.

Entonces decimos gracias porque esa experiencia es un regalo. Viene a decirnos quizás sutilmente que tenemos la grandiosa oportunidad de perdonar(nos), que este es un buen momento para volver a empezar, que podemos comenzar a honrar todas nuestras relaciones, sin excepción. Que en realidad viene a llenarnos de amor infinito por la vida.

Sí y solo sí, resuenas con esto que lees. Sí y solo sí, tienes esa disposición.

Cuando aparece un dolor físico, también pueden surgir desde nuestra alma un par de preguntas:

¿Qué palabra que escuché o que dije me dolió, me lastimó, me hirió, me traspasó, que no puedo dejar ir, dejar pasar, dejar marchar, disolver, borrar?

¿Cómo puedo corregir esto en mí?

Es posible que la respuesta a la primera pregunta llegue o no. Solo debes saber que un dolor no aparece porque sí. Aparece para que aclares cosas en ti.

Pero la segunda sí.

Puedo corregir esto en mí, amando eso que pienso, cada vez que llegue a mí. Solo eso. Amando mi sentir, mi pensar, mi vivir. Y cuando la mente pregunte: ¿Eso bastará? También amaré su pregunta, pues no es personal.

Cuando usamos la mente para pensar, el mundo puede volverse caótico y muy difícil de vivir. Cuando usamos la mente de manera especial, cuando la utilizamos para lo esencial, y más que nada para amar y comprender lo que va llegando a ella, el mundo puede volverse uno de los mejores lugares para vivir, en todo el sistema solar.

No olvidemos que este mundo es personal. No es el mismo mundo para todos.

Esto es utilizar al dolor como tu fuente de poder.

Toda esa comprensión puede dártela un dolor en tu cuerpo, cuando lo sabes mirar, cuando sabes aprender de cada una de tus lágrimas.

Así que ama y agradece eso que duele, que el amor es una llave maestra, que puede abrir las cien mil puertas que tiene tu alma, y mostrarte mundos azules desconocidos. Así llegarás a donde tengas que estar. El amor es inspiración, y en cuanto ella, la inspiración aparece, nos sentimos llamados a hacer cosas que no teníamos planeadas, a encontrar soluciones y sobre todo, claridad. No temas amar, no te perderás. Te encontrarás.

Sí, vivir es un regalo. Y es increíble.

 

Gracias por leerme.

Vivi  Cervera.

 

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