(Fotografía: © Final Toto)

 

Cuando se trata de sanar, queremos resultados en un instante, y muchas veces no tomamos en cuenta que la enfermedad (o sea ese conjunto de datos atrapados) tomó tiempo en formarse, que acumulando enojos, palabras, sentimientos y culpas, llegamos a un punto en el cual es importante bajar la guardia.

Ya sé que piensas que hay enfermedades que no dan espera, sin embargo debes expandirte a la posibilidad de comprender, que quien no da la espera es la que siempre piensa, la mente. Es ella quien no está dispuesta a darte el tiempo que necesitas. La voz que te dice ¡Estás grave! o ¡Vas a morir!, entre mil cosas más. Pero esto nunca es verdad, al menos no, como lo pinta la mente.

Hemos experimentado enojo durante mucho tiempo, y hemos sentido que es más que justo quedarnos con el, dejarlo adentro, atrapado, mientras duele, duele, duele. Y ese dolor (que también es una voz de la mente), nos acompaña, nos respalda, nos hace creer extrañamente, que es la revancha, la justicia que por otros lados no hemos recibido, la recompensa al daño sufrido.

Y muchas veces, todo esto es en silencio, porque nos avergüenza reconocer que nos enojamos, nos da pena ser espirituales y experimentar enojo, nos duele enojarnos. Y reprimimos. Y queda allí por mucho tiempo, hasta que un dolor físico aparece, para hacernos tomar conciencia y así, quienes sabemos todo esto, iniciamos un proceso de perdón.

Pero a veces sin razón alguna, le tememos a esto: Oh! ¿Y toda tu espiritualidad? ¿Y las 4 palabras que curan? ¿Y todos esos talleres que has pagado? ¿Dónde están?.

Y todo eso no es más que basura de la mente. Sin embargo, tememos la gran respuesta: Ahí mismo. En cada enojo que puede salir a la luz, en toda nuestra oscuridad. Porque antes nunca pudimos, y ahora lo estamos haciendo, porque enojarse conscientemente es todo un lujo, algo que debes aprender a aprovechar, a honrar, a agradecer, a amar.

¿Cuántas cosas has callado contigo? ¿Cuántas cosas has reprimido por darle gusto a esa sociedad devoradora que somos? ¿Con cuántas palabras te has quedado? ¿Cuántos recuerdos has tenido que silenciar para no ser juzgad@? ¿Cuánta ira has guardado por no parecer imprudente o incorrect@? ¿Cuánto silencio forzado escondes?.

Contigo.

Aclaro, no te estoy mandando a pelear con nadie, ni a enfrentar a los monstruos afuera. Habla todo esto solo contigo, o con quien crees que pueda ayudarte. No quiero que vayas a tratar tus enojos con quien te hirió. No!!! Esa persona no es santa, no se va a quedar callada, y tu mismo enojo hará (inconscientemente) que sus respuestas a tu queja, te enojen o resientan el doble. Nada arreglarás con la otra persona. Ella es tu proyección. Yo sólo te pido que vayas contigo, y que hagas lo que tengas que hacer para liberarte. Escribirlo todo, hacer sesiones de FASTER EFT (no me preguntes qué es esto, por favor ve a mi canal de Youtube y busca allí), y definitivamente perdonarte.

Duele sí. Por eso espero que en este proceso de autocuración tengas mucha paciencia, y que te ames como si también fueras tu pequeñ@ hij@. No una vez al día, sino todas las veces que puedas. Y también que te perdones, por callar, por reprimir, por tu temor, por tus silencios, por explotar hacia adentro. Perdónate. Con ese corazón inmenso que se te dio al nacer. Perdónate. Que a este mundo vinimos por perdones, para perdonar. Nada más.

Deseo que beses lo que se quedó allí dentro. Lo que tuvo que quedarse allí dentro. Deseo que lo veas brillar, que forme parte de tu Divinidad. Y que sonrías otra vez. Como yo.

Gracias por leerme.

 

Vivi Cervera.