Desde siempre me ha gustado la poesía, sobre todo esa que te hace ver el mundo como es, y no como te lo muestran tus sentidos. Esa que te dibuja hermosamente hasta tu última hora en este mundo. Y eso precisamente fue lo que sentí al recordar hace un instante el luminoso verso de Dulce María Loynaz:

El beso que no te di se me ha vuelto estrella dentro.

Que en pocas palabras me dice [y digo que me dice, porque para medio mundo puede significar lo opuesto], que los sueños nunca se han roto, que no se rompen porque están hechos de luz, como tú. Y que si uno de estos días llegaras a creer que se rompieron, sabrás que te engañaron los sentidos, porque en realidad cada trocito, repleto de luz, fue a colocarse en diferentes lugares de tu ser.

El beso que no te di se me ha vuelto estrella dentro. Qué infinitos somos, pienso cuando la leo.

Alguien con una luz diferente, pudiera haber escrito que el beso que no dio, se le volvió un mar tempestuoso por dentro. Pero no. Esta poesía es toda una redención. La inocencia de la situación, de dos personas, de un beso que está vivo, y de las estrellas.

El beso que no te di se me ha vuelto estrella dentro. Eres la existencia misma, todos los mundos, todos los tiempos. Y en tu ser descansan todas las estrellas, aunque no sabes cuántas de ellas fueron los sueños rotos de alguien que no supo lo que tú, ahora. Tú solo las ves brillar.

Es por eso que si la vida te ha otorgado gran sensibilidad, puedes darte cuenta de que nunca pierdes nada. Ni oportunidades, ni personas, ni dinero. Aunque de vez en cuando lloremos. Aunque de vez en cuando tengamos que llorar, porque nuestra misma infinitud nos pasea por experiencias dolorosas, para regalarnos más estrellas en el alma.

No importa.

Mi punto es que si la poeta se dio cuenta de que el beso no dado, se le había vuelto una estrella dentro, tú y yo podemos iluminar cualquier cosa.

Adentro, que prácticamente no hay afuera.

El beso que no te di se me ha vuelto estrella dentro. Entonces, cuando vuelvas a mirar dentro de ti, te pido que observes que todo lo que has vivido, [lo que te ha lastimado, lo que te ha hecho sentir culpable, lo que te ha enfermado], también resplandece, brilla. Ya no importa tanto quién lo hizo, ni el por qué. Sólo te observas con ojos nuevos, repleta de soles, lunas y estrellas, para comprender al fin, que no solo mereces amor, sino que eres el amor mismo. La única luz que ha tenido, y que tiene el mundo.

Gracias por leerme.

 

Vivi Cervera.