En el punto más álgido de la Guerra Fría, en un laboratorio secreto del gobierno de los Estados Unidos, emerge una proeza de la imaginación, una que deslumbra desde un punto de vista visual y es de emociones audaces. El genio de la narración Guillermo del Toro conjura un hechizo místico en La Forma del Agua (The Shape of Water), donde mezcla la tragedia y las emociones de las películas de monstruos clásicas con la opacidad del film noir, y después las incorpora al calor de una historia de amor sin igual para explorar las fantasías con las que todos coqueteamos, los misterios que no podemos controlar y las monstruosidades que debemos enfrentar.

Del Toro inicia su narración muy profunda bajo el agua. A partir de ahí, toda la película se convierte en un acto de inmersión sin respiración, una vez que mete de lleno a las audiencias a un mundo de la década de los 60 lleno de cosas que reconocemos —el poder, la ira, la intolerancia; así como la soledad, la determinación y las conexiones repentinas y emocionantes— y una criatura extraordinaria que no. Un “recurso” biológico inexplicable del gobierno de los Estados Unidos, una mujer de limpieza muda, sus mejores y encantadores amigos, espías soviéticos y un robo audaz, todos fluyen hacia un romance singular que se intensifica más allá de toda frontera.

Este ser anfibio envuelto en misterio no sólo ha sido extraído de las profundidades oscuras y acuosas, sino que también parece tener los atributos adaptables básicos del agua -adopta el perfil psíquico de cada humano que encuentra, y refleja de regreso tanto agresividad como un amor insondable-.

“El agua adquiere la forma de lo que sea que la esté sujetando en ese momento, y aunque el agua puede ser muy gentil, es también la fuerza más poderosa y maleable del universo. Así es también el amor, ¿no? Sin importar la forma en la que coloquemos al amor, se convierte en eso, ya sea un hombre, una mujer o una criatura”.

 

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 Dentro de la narrativa de Guillermo del Toro, los temas del bien y el mal, la inocencia y la amenaza, lo histórico y lo eterno, la belleza y la monstruosidad, se entretejen para entrar y salir uno del otro, y revelar que ninguna oscuridad podrá derrotar totalmente a la luz.

También fue de suma importancia que hubiera un ensamble de actores extraordinario. Para este filme, Del Toro también reunió un talentoso reparto que incluye a Sally Hawkins, Michael Shannon, Richard Jenkins, Doug Jones, Michael Stuhlbarg y Octavia Spencer.

Para del Toro, la pasión por perturbar y encantar a las audiencias de manera simultánea se remonta a tiempos remotos. Oriundo de Guadalajara, México, de niño se alimentó de los misterios infinitos de las historias de fantasmas, las películas de monstruos y las fábulas, que estimularon la vida fantástica muy creativa que coexistía en su interior. Cuando comenzó a escribir y dirigir películas, todas esas influencias se entrelazaron a un estilo visual visceral y expresivo, todo suyo, uno que parecía apelar de manera directa a la psique humana.

Guillermo Del Toro es más famoso por sus tres inspiradas películas de habla hispana que reinventaron y cambiaron de manera drástica la mismísima noción del género: la ganadora de múltiples premios Oscar El Laberinto del Fauno, Cronos y El Espinazo del Diablo. Cada una, una fantasmagoría vívida que navegaba los peligros morales y físicos de un mundo de corrupción, autoritarismo y guerra. Sus épicas de acción sobrenaturales son igual de creativas —Blade II, la serie de Hellboy y Titanes del Pacífico, así como su romance gótico La Cumbre Escarlata.

La Forma del Agua sigue esa misma tradición, pero en esta ocasión se desarrolla en un Estados Unidos de la década de los ’60 dividido socialmente, al borde de la guerra nuclear y de cambios culturales de gran envergadura. Del Toro se adentra en el mundo atribulado de lo que es enamorarse, cuando una mujer solitaria con un pasado traumático descubre un amor tan abrumador que desafía la sospecha, el miedo y la biología.

El hecho de que los dos protagonistas de la película no hablan, al menos no de manera convencional, sólo intensifica la historia de amor al eliminar la comunicación inadecuada que con frecuencia se interpone entre humanos. Explorar la idea del amor y sus barreras, internas y externas, era de suma importancia para del Toro:

“Quería crear una historia bella y elegante acerca de la esperanza y la redención, como un antídoto ante el cinismo de nuestros tiempos. Quería que esta historia cobrara la forma de un cuento de hadas, en cuanto a que tienes un ser humano humilde que se topa con algo más grande y trascendental que cualquier cosa en su vida. Y después me pareció que sería una gran idea yuxtaponer ese amor contra algo tan banal y malvado como el odio entre naciones, que es la Guerra Fría, y el odio entre la gente debido a la raza, el color, la capacidad o el género”.

 

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