Aunque se trate de refrito tras refrito de antiguas historias (algunas con más de 50 años de existencia), el tono melodramático (aún sin perder su esencia) ha cambiado con el tiempo, adquiriendo un toque más natural que hace más creíbles las escenas. Por ejemplo en A Que No me Dejas, sin duda, lo mejorcito en la barra actual de telenovelas en el Canal de las Estrellas, dos primeras actrices que con base no sólo en su talento y trayectoria, sino también en el esfuerzo evidente con que bordan sus personajes, se han ganado ese calificativo, resultan una verdadera delicia al verlas en pantalla: Leticia Calderón y Cecilia Gabriela, de las pocas que manejan a la perfección el melodrama, sin los clásicos clichés, con ese toque natural que nos hace creerles y verlas como personajes de carne y hueso, logrando una verdadera conexión con el televidente.

 

 

En cambio, en la misma telenovela, nos sorprende una Alejandra Barros (otra primerísima actriz), quien, quizás, luego de la villana que interpretó en La Sombra Del Pasado, no se la pudo sacudir ni tuvo tiempo para concentrarse en su nuevo personaje, la desquiciada Julieta que interpreta ahora: una villana sobreactuada (a lo mejor, no por su culpa, sino porque así se lo ha marcado el director) que por momentos cae en la farsa y que inevitablemente nos lleva a compararla con el trabajo magistral que en 1988 realizó Margarita Sanz, a cargo del mismo personaje en Amor en Silencio, la versión original. Una loca temible y hasta asesina, pero con más mesura, quien por momentos hasta inspiraba lástima.

Y como en todos lados se cuecen habas, en Amor de Barrio, también nos extraña ver a otra grande del melodrama como Marisol Del Olmo, ahora como una estereotipada villana ñaca ñaca a la que, por principio de cuentas, no le creemos que sea la madre de un Mane de la Parra, ya bastante crecidito como para ser su hijo. Una Catalina Lopezreina que más que hacerse odiar con sus maldades y desplantes de ricachona vengativa y manipuladora, nos pone de nervios con sus tics tan constantes, incluyendo su característica temblorina de manos y cabeza, sobre todo, cuando                                                                                         las cosas no le salen bien.

 

Volvemos a lo mismo: ¿se le habrá ocurrido a ella o simplemente acata las órdenes del director?

 

 

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