Antes de comenzar a escribir, antes de hacer lo que hago, había permanentemente un pensamiento/pregunta en mi mente: ¿Con qué derecho voy a enseñar algo si mi vida no está resuelta?. Y me agarré de esta pregunta por años, como una excusa oculta para no mostrarme, para permanecer allí donde todo parecía estar en calma. Mostrar las ideas que pasaban a través de mí, escribir sobre mis puntos de vista, publicar aquello en lo que creía y creo, me parecía tan inmenso, tan lejano, tan atrevido, tan distante de mí, que simplemente me creí esa historia. No tenía derecho a enseñar nada, si no tenía mi vida entera resuelta.

Sin embargo, las palabras «intranquilas» y también «sonrientes», me rondaban, me buscaban a todas horas, incluso de madrugada. No me dejaban en paz. Querían ser escritas por mí. Un buen día descubrí un grupo de ellas, el más especial de todos. Y las convertí en mi techo, en mi refugio, en mi casa del árbol en el bosque. No las volví a soltar jamás:

Te amo, lo siento, perdóname, gracias.

No tengo manera de decirte cuánto me han regalado esas palabras, ni de cuánto valor me vistieron para poder enfrentar a mi pequeña yo y decidirme a escribir. Y lo hicieron de una forma tan suave, que ni siquiera pude protestar, no me di cuenta de a qué hora fue que hice mi primera publicación, de hecho, cuando las redes sociales ni siquiera eran un proyecto. No sé cómo pasó. No hubo un esfuerzo consciente, ni siquiera una intención. Solo ese amor a mi imperfección.

Simplemente pronunciaba esas palabras sin cuestionamientos, sin preguntas, sin esperanzas. Las tomé en mis manos como si fueran las aguas cristalinas de un riachuelo. Y dejaba que corrieran limpiando cosas que yo no sabía que estaban, ni que tenían que ser limpiadas. Las dejé hacer su trabajo, mientras yo hacía el mío la mayor cantidad de tiempo que podía.

Actualmente comprendo más las cosas. No le estoy enseñando nada a nadie. Me enseño a mí misma, a través de los demás seres humanos. Esto quiere decir que ninguna persona debe esperar a ser perfecta para mostrarse al mundo. Que no hay requisitos cuando debes aprender algo.

Y comprendí sobre todo esto:

Tu vida está escrita de inicio a fin. Y aquello que es para ti, aquello que has de recibir, escrito está en los libros del tiempo. No importa cuánto anheles, cuánto desees, cuánto esperes o cuánto te decepciones de la vida. Tus regalos ya te fueron dados. Ahora, es tiempo de desprenderse de los pensamientos de siempre, de la adicción a recordar. Es tiempo de amar. De permitir que la vida fluya.

Así que descansa. El amor, tu amor jamás te decepcionará.

Gracias por leerme.

 

Vivi Cervera.

 

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