Ubicada a 363 kilómetros de Chihuahua y a 282 de Ciudad Juárez, se encuentra la milenaria zona arqueológica de Paquimé, extendiéndose sobre unas 50 hectáreas que no han sido exploradas en su totalidad. Al observar los edificios de varios pisos o sus recintos ceremoniales, las grandes y funcionales redes hidráulicas, así como sus plazas, se concluye que Paquimé fue una ciudad urbanizada y construida por un pueblo culturalmente desarrollado.

Los arqueólogos e historiadores que se han ocupado de su estudio establecen semejanzas entre la cerámica de Paquimé y las culturas Anasazi, Mogollón y Hohokam del suroeste de Estados Unidos. En Janos, Galeona, Namiquipa y Villa Ahumada también hay vestigios de la cultura Paquimé, y se han encontrado elementos inconfundibles de las culturas mesoamericanas, fechados entre los años 350 y 1200.

La cultura Paquimé se ha dividido en tres etapas: el viejo (del año 700 a 900), el medio (del 900 al 1060) y el tardío (del 1060 al 1200) en el que ocurrió el mayor florecimiento. Posteriormente vino una etapa de decadencia hasta su desaparición en 1340, cuando Casas Grandes fue quemada y abandonada. Los muros son de tierra arcillosa levantados con el sistema de vaciado y los pisos fueron hechos de estuco. En los ángulos de las habitaciones localizaron entierros humanos en posición fetal o flexionada, con ofrendas en ollas de barro adornos y telas de fibra y algodón. También se hallaron hornos cónicos para obtener mezcal mediante la quema de cepas de maguey.

La unidad dos se integra en cinco estructuras para ceremonias. La mayor tiene forma de cruz y mide 15 metros de largo; quizá tuvo alguna función calendárica pues está orientada astronómicamente según los puntos cardinales. Lo más relevante de la unidad tres es el juego de pelota, con un parecido notable a los que se conservan de la cultura Tolteca. Aquí mismo se descubrieron tectorales formados por cascabeles en forma de tortuga, hechos con la técnica de la cera perdida.

El llamado montículo de las ofrendas está en la unidad cinco, donde se descubrió un altar de piedra roja y algunos collares de huesos humanos.

 

zona arqueologica Paquime

La unidad siete es una serie de cuartos convergentes a una habitación que tiene pequeños cubículos adosados en el muro sur, los restos de guacamayas desenterrados ahí sugieren un criadero de esas aves, muy apreciadas por sus plumas.

Las demás unidades tienen restos de muros con ventanas – puertas en forma de T. también existe una plataforma ondulada que incluye una cabeza de serpiente: quizá sea la presencia del culto Quetzalcóatl en esta cultura norteña.

Es notable el sistema de cañerías que penetran en las habitaciones para surtir y desalojar agua, así como los fragmentos de vigas y maderos que sostenían los pisos superiores de estos edificios, dentro de los que había conchas, cuentas de turquesa, objetos de cobre, figuras talladas en piedra serpentina, textiles de algodón y maguey, panes de sal, fragmentos de trabajo en cuarzo, pipas y objetos de barro de formas fálicas.

Los primeros trabajos importantes de arqueología fueron realizados en la década de 1960 por Carlos Di Peso y al inicio de los años 90 se efectuaron más excavaciones y diversos trabajos de consolidación en toda la zona a cargo de un grupo encabezado por Beatriz Braniff.

 

 

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