Pocas cosas tienen el poder de afectarnos como lo hace la sabidurí­a.

A diferencia de la auto-ayuda, la cual ciertamente puede ser motivadora por sí­ misma, las antiguas verdades espirituales no sólo nos inspiran a ser mejores, también despiertan nuestra alma. Cuando leemos la sabidurí­a, algo resuena a verdad para nosotros, no sólo en nuestra mente sino en nuestro corazón y a través de todo nuestro ser.

El estudio de la Kabbalah fue transmitido de maestro a estudiante generación tras generación. Todo lo que sé el dí­a de hoy lo aprendí­ de mi padre y maestro, el Rav Berg, quien aprendió de su maestro, Rav Brandwein, quien aprendió de su maestro, Rav íshlag, y así­ sucesivamente. El estudiar esta antigua sabidurí­a con un maestro eleva nuestra conciencia para que podamos tomar mejores decisiones, ver la pelí­cula completa y escuchar los susurros de nuestra alma.

La Kabbalah no se trata sobre auto-ayuda. Se trata acerca de volvernos seres sin lí­mites.

Ninguno de nosotros es perfecto, pero con la sabidurí­a nos sentamos en los hombros de gigantes espirituales. Con eso, podemos lograr cualquier cosa.

 

Yehuda Berg.

 

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