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Guadalajara, Jal.- Con una sonrisa de medio “lao” bien heredada el eterno niño ha vuelto a dejarnos entrar en su mundo de emoción. Un mundo de luz donde el arte, vestido con palabras que suenan siempre a verdad, viene impregnado de vida, de imágenes dibujadas en un pentagrama de aire imaginado, y de un sereno pensamiento nocturno y sonoro.

Fue la noche del pasado 19 de Junio en la que Sevilla, entregada al silencio de los maestros, decidió abrazar de nuevo a Alejandro Sanz , el hijo adoptivo de todas esas ciudades donde la música no se toca pero si nos sigue acariciando el alma.

Acompañados por más de veinticinco mil amigos, algunos hermanos en el soniquete como Malú, David Bisbal, Manolo Garcí­a, Jamie Cullum o Pablo Alborán viajaron con él por un repertorio que ha pasado a ser parte de la memoria vital y emocional de ya varias generaciones.

En el estadio Olí­mpico Hispalense convivieron canciones jóvenes con clásicos ya curados, temas que en brazos de la brutal superbanda, de genuina paridad y exquisita sofisticación, han sonado diferentes cada una de esas cincuenta madrugadas que alumbraron esta gira.

Esta grabación audio visual, llena de matices estéticos y técnicos, y de detalles solo dignos de las obras maestras de la mejor historia fonográfica reciente, hace el paseí­llo vestida de platinos y oros, esos que las más de seiscientas mil copias vendidas del laureado disco “La música no se toca”, avalan.

Sentarse un ratito a ver o a escuchar este concierto solo puede servir para reflexionar sobre la manera de sentir de un tipo grande, próximo Doctor Honoris Causa por la prestigiosa Universidad Berklee College of Music, que sigue dándonos todo, que no es ni será lo mismo, y cuyas canciones, por mucho que volemos, siempre seguirán a nuestra vera.

Javier Limón

Ganador de varios Premio Grammy / Músico / Productor / Docente y Director artí­stico del Instituto Mediterráneo en la universidad Berklee College of Music.

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