Hay una ciudad donde ricos aristócratas, piratas, zombies y hechiceras aún pasean entre sus Viejas calles, callejones y plazuelas: Nueva Orleans.

Al sureste de los Estados unidos, bañada de humedad del golfo de México; ahí se encuentra este misterioso lugar cubierto con una vegetación reverdeciente todo el año donde los helechos han hecho su hogar.

Nueva Orleans fue fundada por colonos franceses en 1718 y cincuenta años después fue cedida a la colonia española en agradecimientos a sus alianzas políticas. Posteriormente se convirtió en Puerto de comercio de esclavos provenientes de África y las Antillas, y finalmente paso a ser parte de los Estados Unidos. Esta mezcla de culturas, razas, costumbres e idiomas formaron esta fascinante ciudad que baila al compás del jazz, que sabe a especias de la comida criolla y vibra día y noche en una vorágine constante de colores, sabores, ritmos y aromas que embellecen todos los sentidos.

Es en el distrito francés (Vieux Carre o The French Quarter) donde se ha perpetuado la vida de Nueva Orleans se fundó la ciudad con un Puerto junto al Río Mississippi donde se comercializaron todo tipo de mercancías proveniente del Viejo y del Nuevo Mundo.

Los negros traídos de África para trabajar en los campos de caña de azúcar y en la plantaciones de algodón también trajeron consigo su riqueza ancestral, sus creencias y sus dioses. El Vudú llegó con ellos y se cimentó hasta por debajo del suelo; reinas del vudú adquirieron gran poder social e incluso político gracias a sus poderes, pociones y hechizos. Se cuenta que hasta tenían el poder de regresar a personas de la muerte convirtiéndolos en zombies, seres sin voluntad propia.

Aristócratas y nobles fincaron sus hermosos palacios en este lugar y trajeron con ellos el esplendor de la vieja Europa.

Dar un paseo de noche por el distrito francés es como viajar al pasado, las callejuelas y calles empedradas están cargados de una energía especial; historias fantásticas se han desarrollado aquí: Saqueos de piratas, hechiceras, duques y condesas… Todos ellos dejaron en Nueva Orleans sus historias para ser contadas una y otra vez.

 

 

La ciudad fue devastada por dos incendios hacia 1794 y fue por ello que el cabildo español impuso el uso de adobe y ladrillo como material de construcción de todo inmueble en la ciudad con lo que esta fue adquiriendo un hermoso y peculiar aspecto. Las mansiones fueron construidas con techos altos y amplios balcones decorados con herrería garigoleada que le dieron ese toque único a la ciudad, además la naturaleza y el clima cálido-húmedo fueron propicios para que helechos de todo tipo crecieran en todas partes y se convirtieran en parte fundamental de la decoración de la ciudad.

Nueva Orleans, maravilla y encanta a todos sus visitantes; muchos artistas de todas las disciplinas han hecho de esta ciudad su hogar. Hay manifestaciones de arte en cada rincón, a donde uno dirija la vista puede encontrar algo bello, algo único. La ciudad es vasta en arte y artistas, el verdor y la intensidad de sus colores está plasmada en cada una de sus obras plásticas en innumerables galerías de arte, además de los espacios abiertos como alrededor de Jackson Square, el centro del viejo barrio francés.

Ahí mismo en el corazón de la ciudad como un gran telón de fondo, esta construida la catedral del Saint Louis; imponente y elegante como todo ahí. A su alrededor todo confluye armoniosamente.

Músicos y bandas de jazz suenan al ritmo de todos los estados de ánimo. Los restaurantes ofrecen también su magia, una exquisita selección de sabores aromas y texturas.

La Comida de Nueva Orleans merece una mención honorífica en el recuento de los atractivos de la ciudad. Conocida como comida Creole “criolla” es un estilo de cocina originada ahí, mezcla de la influencia española, francesa, africana, caribeñas y estadounidense que, también posee ciertos rasgos de la comida italiana. Los platillos típicos son el gambo y la yambalaya; el gambo que es una sopa espesa a base de arroz, verduras, carnes y mariscos y la yambalaya es una versión criolla de la paella española. Los ingredientes distintivos de su cocina son los mariscos de agua dulce y una veriedad rica de especies.

El distrito francés tiene una gran vida nocturna, todo comienza y todo termina en Bourbon St. A lo largo de esta calle que atraviesa el viejo barrio francés se encuentran amontonados uno después de otro bares y restaurantes; cada local es una fiesta, una orquesta única , un bullicio que se confunden y mezclan una armonía con otra. Es imposible pasar por ahí sin sentir la invitación a unirse al festejo, a disfrutar de los placeres de la vida, del ritmo y del baile.

La fiesta, el disfrute y el gozo son cosas que la gente viene a buscar y lo encuentra en Nueva Orleans; sus festivales como el Mardi Grass y el festival del Jazz atrae a miles de turistas cada año, sin embargo es un destino turístico esplendido en cualquier temporada.

Hay una frase que dice: “Laisses les Bontemps rouler” es decir, “Dejad que los Buenos momentos duren”… Nada más deseable cuando se está en Nuevo Orleans.

 

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