A cien años de su nacimiento, Marí­a Félix continua presente en la sociedad mexicana y para todo aquel que la haya conocido, por que, simplemente es inevitable. Con una personalidad y carácter imponente, “La Doña” reunió los requisitos para ser nombrada una autentica femme fatale, una mujer de belleza indescriptible capaz de enloquecer a los hombres con una mirada.

Considerada como la diva más grande de México, Marí­a Félix buscó reafirmar este estatus no sólo en los personajes de sus pelí­culas; su estilo de vida fue caracterizado por los excesos y el glamour en su máxima expresión.

Para dar prueba de ello, sólo hay que recordar sus joyas; una de sus más fuertes debilidades a las cuales la propia Félix llamaba “sus joyas de amor”. Además de las joyas que le fueron obsequiadas por Agustí­n Lara y Jorge Negrete, Marí­a Félix se convirtió en una de las clientas emblemáticas de Cartier al realizar encargos especiales a la casa francesa de joyas; siendo algunos de estos diseños exclusivos el collar de cocodrilos elaborado con brillantes amarillos y esmeraldas, así­ como la serpiente de brillantes con ojos de esmeraldas, siendo ésta última pieza, un collar que podí­a ser llevado también como pulsera.

Durante su vida, la protagonista de “Doña Bárbara” fue musa e inspiración de los grandes pintores mexicanos Diego Rivera, José Clemente Orozco y quien fuera su pareja, el ruso-francés Antoine Tzapoff.


Después de su deceso el 8 de abril de 2002, la leyenda de Marí­a Félix continúa viva dentro del séptimo arte así­ como dentro del mundo de la moda. Su exótico y cautivante estilo ha sido homenajeado por publicaciones especializadas como Vogue con una edición especial y las top models Cindy Crawford y Daria Werbowy para Marie Claire y V Magazine respectivamente.

Con más de 50 pelí­culas y un material discográfico, Marí­a Félix labró con su trayectoria un lugar irremplazable en el cine y en la cultura mexicana. Su belleza, altanerí­a y arrogancia prevalecerán a pesar del paso del tiempo ya que, con frases como las siguientes, es y será imposible olvidarla:

“No es suficiente ser bonita, hay que saberlo ser”

“Yo no me creo la divina garza… Soy la divina garza”

“Una mujer original no es aquella que no imita a nadie, sino aquella a la que nadie puede imitar”

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