Para empezar ¿Qué es un mito?. Un mito es un relato imaginario que exagera las cualidades normales de alguien. Y para descubrirnos un poco más, aquí están los 7 mitos que rodean la imagen de un(a) terapeuta, maestra(o) espiritual, practicante de las 4 palabras que curan, o lo que tenga relación con ello:

Mito 1. Estas personas no fuman, le tienen asco a la cocacola, no ingieren alcohol, y lo que es definitivo: no comen carne. Esto es supuestamente porque han descubierto que todo eso hace daño,  y que impide la llegada de la inspiración, enferma al cuerpo y miles de cosas más.

Realidad: Las palabras que curan: te amo, lo siento, perdóname, gracias, incluyen toda la experiencia tal como viene, exactamente como viene. No etiquetan al cigarrillo, al alcohol o a la comida de cualquier naturaleza como nociva. La aman como llega a sus sentidos, a su mesa. Así que estas personas han aprendido que cada ser humano elige qué es bueno o malo, con base en sus creencias, y no en la realidad.

Mito 2. Estas personas no se enojan, no se enganchan, no discuten, están obligadas por lo que practican a poner la otra mejilla, a agradecer insultos con una sonrisa.

Realidad: Repito, estas personas aprecian lo que va llegando, incluso lo que se sale de sus manos como el enojo o una discusión. Saben que aparentar santidad o perfección es la mejor forma de decirle a sus consultantes o lectoras y lectores, que nunca lo lograrán. Quien es maestra(o), expone sus debilidades, porque de ello nació lo que sabe y porque quien le consulta, y quien le lee, también es humano.

Mito 3. Viven en celibato.

Realidad: Pues la verdad es que al ser humanos, también disfrutan de uno de los mejores regalos que se nos dio, el sexo.

Mito 4. Tienen una figura esbelta, como consecuencia de comer «saludable».

Realidad: Bueno hay variedad. Gente con figura esbelta o con sobrepeso que come eso a lo que se le llama «saludable» y gente esbelta, gente con sobrepeso, que come lo que venga, que no le pone peros a los alimentos que tiene en frente. Total, hay de todo. Sin embargo la realidad es que la talla es un asunto de quien mira, más que de lo mirado. Y este punto, también es un pilar de los fundamentos de las 4 palabras que curan. Usted es responsable de lo que mira.

Somos de todo un poco.

Mito 5. No van a bailar a las discotecas, o antros (como se les dice en México).

Realidad: Para serle sincera, pues en sus ratos libres van a bailar y no siendo suficiente con eso, van a los clubes de stripers. Y más allá. Generalmente no desconocen el mundo. No los asusta.

Mito 6. No deben cobrar su trabajo pues está basado en el amor, en el dar.

Realidad: Pues nada, que hay que pagar el wifi, el celular, los servicios y aparatos necesarios para poder escribir y publicar. El arriendo, la comida y todo lo demás. La lista es larga. Mejor ni le cuento.

Mito 7. Es heterosexual.

Realidad: Hay de todo. Sin embargo, el colectivo LGBT, está hoy más presente que nunca en el ámbito de la espiritualidad. Y la Divinidad se complace y sonríe con el trabajo de cada uno, independientemente de con quien elija relacionarse amorosamente, pues su Creación es perfecta.

Hace algún tiempo, en una publicación que hice sobre el aborto (la noche de las luciérnagas), una mujer comentó:

Vivi, no estoy de acuerdo contigo en tus opiniones sobre el aborto, creo que no somos quien para disponer de la vida de alguien.

Y agregó: Lo siento, perdóname, gracias, te amo.

De su opinión, la primera parte sin la segunda es perfecta. Ella está en su derecho de aceptar o no lo que lee. Sin embargo fue la extraña fusión de rebatir y agradecer, lo que me hizo responderle algo que ella no sabía:

Tus palabras son mutuamente excluyentes. Por si no lo sabes, añadir las frases: lo siento, perdóname, gracias, te amo, a cualquier tema o escrito, solo significa que estás de acuerdo con eso, que agradeces eso, que lo amas. No solo de boca, sino también de corazón. Así que, como haya sido, gracias por amar lo que escribo. Le dije.

La mujer muy amablemente se disculpó.

—Añadí: Comprendo nuestras diferencias, tú tienes una escuela y yo otra, y ambas pueden coexistir. A mí, el camino me ha enseñado, que la vida es vida porque no tiene fin, porque jamás termina. Gracias.

Ahí terminó nuestro diálogo.

Amo las 4 palabras que curan, las he estudiado. Y hay instantes en los que experimento enojo contra algo que leo, y como no soy capaz de conciliar con lo leído por cualquier programa que esté surgiendo en ese momento en mi mente, entonces no las pronuncio. Las dejo en paz, hasta que puedan brotar de mí con honestidad, con perdón, gratitud y amor hacia lo aprendido, hacia lo leído, hacia lo percibido. No las uso como espada. Sino como puente. Como sol de verano. Cuando se me permite.

En síntesis, si las vas a usar como parte de un pleito, de un insulto o de un desacuerdo, mejor no las uses. Úsalas para conciliar o reconciliar, úsalas solo cuando salgan de tu corazón, al otro. Ejemplo: Alguien en una discusión dice: Te odiooooooooo! y agrega de inmediato las 4 palabras que curan en voz alta. Esto es absurdo. Si estás enojada, y discutes con alguien, hazlo normalmente, pero no uses esas palabras como espada. No se trata de eso. Todo tiene un contexto, así que ya sabes a lo que me refiero.

Amo las 4 palabras que curan porque jamás me ofrecieron el contexto de lo normal, de lo establecido, de lo humanamente permitido. Sino que me regalaron la inclusión de todas las cosas. Y esto lo explica la magnífica frase de Tennessee Williams:

«Si matas mis demonios, mis ángeles también morirán.»

He escrito aquí sobre maestras y maestros que enseñan respecto del tema de las 4 palabras que curan. No he generalizado. Deseo que esto sea comprendido con exactitud.

Gracias por leerme.

 

Vivi Cervera.

 

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