¿Cómo identificar a una persona tóxica?

El autor sostiene que estos individuos siempre están en un extremo: o viven en el placer absoluto y evitan el dolor o viceversa, o son independientes y nunca piden ayuda, o totalmente pasivos y dependen de otros. Además de usar la intuición para detectar estas relaciones asimétricas, el psicólogo señala sus dos rasgos fundamentales:

  • Transmisores de culpa. Frases como “yo sufrí por ti” o “hice lo que me dijiste y qué mal me fue” son habituales en los “tóxicos”. El especialista afirma que nunca asumen responsabilidades y el problema siempre lo tienen los demás.
  • Transmisores de miedo. Frecuente en aquellos que se apropian de los méritos ajenos y en conductas autoritarias “que engendran temor”.

 

Protégete ante la toxicidad

Para evitar que la toxicidad nos invada, Stamateas recomienda trabajar la estima que nos permite aceptar nuestras limitaciones y  virtudes. De este modo, seremos capaces de ser activos pero también pasivos para pedir ayuda en determinadas situaciones, disfrutar tanto de la compañía como de la soledad y aproximarnos al dolor para enfrentarlo o al placer para deleitarnos.

Una vez identificada la persona dañina, la estrategia a seguir pasa por:

  • Alejarnos, evitar el contacto dentro de lo posible con el tóxico.
  • Cuando se trata de gente que pertenece a nuestro entorno, ya sea familiar o laboral, hay que establecer límites. El especialista hace hincapié en que “el límite no limita, libera” y ayuda a mejorar los vínculos porque los tóxicos siempre invaden. Además, aconseja usar el “sí” y el “no”, marcar territorio y recuperar los derechos asertivos como elegir con quien salgo, equivocarme o cambiar de opinión.

 

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¿Soy tóxico?

El psicólogo asegura que todos tenemos rasgos tóxicos, la diferencia está en no hacer de éstos nuestro estilo de vida. “Ser tóxico es una manera de sentir, pensar y actuar, nunca se reconocen como tal y no hacen introspección”, matiza.

“Pensar que no tenemos rasgos tóxicos sería pararnos en la omnipotencia y creer que somos los más tóxicos en la impotencia”, asegura Stamateas quien considera que el equilibrio reside en conocer nuestras debilidades y virtudes al “ser capaces de vernos completamente”.

Para no caer en la toxicidad hay que ser interdependiente, saber que hay cosas que podemos hacer y otras que no, indica el autor, quien insiste en que la felicidad personal es una construcción interna y en que debemos cuidar de nosotros mismos porque nadie más lo hará.

 

 

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