El agua es esencial para la hidratación de nuestro cuerpo. Es el hidratante por antonomasia, el más sano y natural. El origen etimológico de la palabra hidratación procede del término griego hydros, que significa agua. Por tanto, es fácil entender que la hidratación se produce gracias a la acción del agua.

La hidratación es una actividad común que cualquiera de nosotros realiza para complementar aquellos líquidos perdidos o utilizados por el organismo. Si bien la mayor fuente de deshidratación puede ser la realización de ejercicio o de esfuerzo físico, también es verdad que aun permaneciendo uno en estado de reposo el organismo baja su nivel de hidratación ya que los órganos siguen consumiendo los líquidos que componen a los tejidos y entonces uno siente lo que se conoce como sed.

Pese a lo esencial que resulta, el cuerpo humano no tiene provisión para almacenar agua y cada día se pierden en torno a dos litros y medio por la orina (1500 ml), las heces (150 ml), el sudor (350 ml) y la respiración (400 ml). Por tanto, la cantidad de agua que se elimina cada 24 horas debe ser restituida para mantener el organismo bien hidratado. Cuando hace calor y cuando sufrimos mayores pérdidas de líquidos, como con el ejercicio intenso, diarrea, quemaduras, vómitos y fiebre, hay que aumentar el consumo de agua.

 

 

La importancia de la hidratación radica en el hecho de que es justamente una acción que nos permite seguir realizando nuestras actividades de manera saludable ya que se le otorga al cuerpo una buena ración de líquidos perdidos o consumidos. Uno puede hidratarse de manera específica cuando toma líquidos luego de hacer ejercicio, pero también puede hacerlo cuando consume líquidos como parte de su alimentación común (infusiones, agua, gaseosas, jugos, etc.).

El ser humano adulto, según su condición física, sexo, edad, estilo de vida y clima en el que viva, tiene en promedio un 65% de agua en su cuerpo. Las células más activas, como las de los músculos y las vísceras, tienen la concentración más alta de agua. El volumen de agua corporal, como porcentaje de masa libre de grasa o masa magra, es mayor en los niños y va disminuyendo con la edad. Si se aumenta el contenido grado, como ocurre con la obesidad, la fracción acuosa del tejido adiposo disminuye.

Según lo que recomiendan los profesionales, una persona debe consumir normalmente entre uno y dos litros de agua por día para reponer aquellos líquidos que son consumidos por el organismo. También alertan sobre el hecho de que cuando se presenta la sensación de sed es cuando el organismo manda señales al cerebro para concientizarlo de ese estado de deshidratación, por lo cual es siempre recomendable consumir líquidos incluso cuando no se tiene sed.

 

 

 

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