Este viernes 4 de octubre, finalmente millones de seguidores de DC Comics acudirán a los complejos cinematográficos para disfrutar del esperado estreno de Joker (Guasón, como se le conoce en Hispanoamérica); largometraje que funge junto con IT: Capítulo 2, como una de las cartas fuertes de la compañía Warner Bros. de este año.

Previo a esta fecha, la cinta que da una interpretación original (más no apegada a los cómics) a los “orígenes” del emblemático némesis del Hombre Murciélago, debutó con gran éxito en el reciente marco del Festival de Cine de Venecia donde su protagonista, el actor Joaquin Phoenix, fue vitoreado con tres minutos de aplausos y condecorado por el palmarés de la Mostra con el León de Oro a la que catalogaron como la interpretación más grande – hasta hoy – del célebre histrión.

A mitad de esta semana, un servidor acudió a la función especial donde prensa e invitados especiales tuvimos oportunidad de disfrutar del filme previo a su estreno oficial en cartelera pero, tranquilos… ¡No habrá spoilers! ¡Pueden continuar leyendo!

(Foto: Warner Bros.)

Técnicamente hablando, Joker nos ofrece una atmósfera sombría que, irónicamente, le da un brillo excepcional a la actuación de Phoenix quien se sometió a una dieta a base de una manzana diaria, hojas de lechuga y judías verdes que le hizo perder 23 kilos. Y este deterioro físico también causó estragos en el estado anímico del actor y sin duda, esto le ayudó en su actuación para interpretar y transmitir con mayor precisión la compleja psicología de su personaje.

Pero así como es digna de alabarse, la interpretación de Joaquín Phoenix también creó un debate interno en mi persona. Por instantes, llegué a sentir lástima por Arthur Fleck y su triste historia de incomprensión y rechazo. Sí, en algunos momentos su historia tocó mi corazón y me hacía justificar sus pensamientos y acciones… Cuál Disney con su Maléfica, yo como espectador dejé de ver al personaje como un villano y le puse la etiqueta de víctima. Pero de pronto, esa conexión de “empatía” se rompió y me dejó helado por la crudeza y la violencia explícita de este proyecto bajo la dirección del cineasta Todd Phillips.

Joker no habla de una víctima pero tampoco de un villano; la película es el crudo retrato del resentimiento social y los estragos que puede ocasionar en cualquier ser humano que se ha enfrentado a la insensibilidad de la sociedad.

Y esa insensibilidad estuvo latente durante la proyección a la que asistí. En una de las escenas que considero, fue una de las más violentas e impactantes de la cinta – y que he visto en la pantalla grande -, un par de sujetos que estaban sentados a un lado mío comenzaron a reírse como si hubiéramos acabado de presenciar un chiste. “Está cagadísimo”, le decía uno de los individuos a su acompañante entre risas.

Lo reconozco, me quedé desconcertado ante esa reacción de mis vecinos de butaca mientras en mi interior surgía la inquietud de dirigirme a ellos y preguntarles: “¿Todo bien en casa?”

Quizá algunos de ustedes podrán tacharme de persignado y me dirán… “Cálmate güey, ¡Es una película!”, y sí, en eso tienen razón; es sólo una película, pero esta historia encendió en mi cabeza los focos rojos que me hacen pensar que quizá su mensaje puede despertar sentimientos o ideas erróneas en la mente de algunos espectadores que tal y como el protagonista han sufrido bullying, discriminación o algún otro tipo de maltrato físico o emocional en algún momento de sus vidas.

Tanto Todd Phillips, Joaquin Phoenix y la compañía Warner Bros. han sido tajantes y puntualizan que Joker no narra la historia de un héroe pero cierto es que su mensaje puede ser malinterpretado y de esa vicisitud nace el grito de alerta…

Porque sí, Joker se aleja de la fantasía y del toque ficticio de los personajes de las historietas y nos pone frente a una historia real y difícil de digerir; una trama compleja, con interesantes matices y que nos deja un polémico debate:

¿Estamos preparados para enfrentarnos cara a cara con la realidad?, es la pregunta con la que salí de la sala y que sigue dando vueltas en mi cabeza.

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