Me dice un amigo muy querido: Disculpa que no te llame tan seguido, disculpa que a veces me aleje de ti. Ni siquiera sé porqué dejo de llamarte, cuando me haces tanto bien.

Entonces le respondí: No te preocupes por eso. Los encuentros, los desencuentros y las palabras son autónomos y tienen su tiempo como las estaciones. Además, hay una frase de Tennessee Williams que me gusta mucho y dice: «Si matas a mis demonios mis ángeles morirán también».

O sea que si te pido que dejes ir ciertas cosas de ti, con ello también se irán tus encantos. Y por nada del mundo yo querría perder tus encantos.

Mi amigo sonrió. Ambos nos sentimos en paz.

Es que todo en esta vida está tan cuidadosamente unido, que si lo encontramos equivocado es solo porque la mente nos juega sucio, pero la realidad es que todas las cosas, todo lo que nos habita, todas las células de nuestro ser, todos los seres, los pequeños puntos de luz, los seres minúsculos, la oscuridad, todo desea ser amado. Todas las personas solo desean ser amadas por lo que son, tal como son. Y lo único que importa es que siempre les ames lo mejor que puedas, lo máximo que puedas, de acuerdo con el amor que hay en tu corazón, de acuerdo con lo nuevo que vas aprendiendo y sintiendo sobre el amor. Cada ser humano tiene un concepto diferente de este noble sentimiento, y eso es lo que enriquece nuestras relaciones interpersonales. Justo esa diferencia.

 

 

 

 

Recuerda esto: Incluso la oscuridad esconde un viejo anhelo. El de ser amada.

Si le quitas las espinas a la rosa para que luzca mejor, entonces tendrías que dejar de llamarle así, tendrías que ponerle otro nombre, porque ella habría dejado de ser una rosa.

A veces no es tan fácil como escribirlo, o como la conversación con mi amigo, pero estamos en una escuela que se llama vida, y es para aprender sobre esto, sobre aceptarnos cada día un poco más a nosotros mismos, y después los unos a los otros. Aceptar que los juicios que creemos tan nuestros, en realidad son pensamientos, o sea nubes viajeras en el cielo azul que somos. Estamos por dejar de creer que somos malos. Somos. Y ya.

En este divino y dulce momento nadie nos debe nada, ni a nadie debemos algo. Lo de tiempo atrás, lo de un par de segundos atrás, son memorias viejas, ni siquiera son nuestras, no nos pertenecen. No hay necesidad de mirarlas.

Por eso, en este momento enviamos a nuestros seres amados un te quiero libre, que no necesite que cambien algo de lo que son, un te quiero que signifique: así como eres te acepto. En el eterno presente.

Estamos aprendiendo a amar. Sí, a eso vinimos.

Gracias por leerme.

 

Vivi Cervera.

 

Deja un comentario