A pesar de que no sé cómo sanar, lo hago. Lo estoy haciendo. Simplemente lo hago.

Con estas palabras comencé mi taller en la Ciudad de México hace algunos meses, porque el tema fue autocuración. Lo que en mi trabajo significa: curarnos con palabras. Porque como ya he escrito antes, una palabra causó todo eso que ahora nos incomoda, todo eso que llamamos enfermedad. Y si una palabra lo causó, otra de mejor vibración lo puede curar.

Y es que para curarnos, es fundamental conocer que lo que nos afecta se encuentra en la conciencia, a manera de información. Y es preciso desprendernos de ella. Por esto es que utilizamos esencialmente las palabras sanadoras que son: te amo, lo siento, por favor perdóname gracias. Que también significa amor por lo que va llegando a tu conciencia, a tu mente, como si de tus hijos se tratara.

Eso es tomar a la mente de la mano. Evitar que quede a merced de los sentidos, a merced de las percepciones, porque estas casi siempre duelen, casi siempre mienten. Y es cuando la mente divaga, que caemos en estas percepciones que de repente parecieran precipicios, y es cuando podemos usar al perdón como propulsor. Usar la aceptación y la gratitud para salir de ese lugar mental. Estas bellas formas del amor, estos códigos sanadores que expresamos por medio de las palabras mencionadas en el párrafo anterior, pueden conducirte a espacios tranquilos, a disciplinas, artes y otras maravillas del mundo que quizás no conozcas, pero que esperan por ti.

En mi caso, cuando un coro de voces se posa a mi alrededor, voy despejándolas una a una, perdonándolas, amándolas, agradeciéndolas. Y como no tengo más, solo las 4 palabras que curan, en verdad no calculo el tiempo, no les pido cuentas, no llevo la cuenta, todo vendrá cuando deba ser. Y lo recibiré de la mejor manera que puedo. A esto le llamo tomar a mi mente de la mano, no dejarla que piense lo que le apetece, y a la vez comprendiéndole como la niña que es.

Sanar con lo que te dices. Sanar a partir de las palabras que van surgiendo de ti, momento a momento. Aprender a sentirte san@. Dejar que las palabras con las que te estás curando, se asienten en el alma. Confiar, que no es lo mismo que tener fe. Confiar es hacerlo. Aprender a tomar la mente de la mano.

Gracias por leerme.

Vivi Cervera.

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