Cuando hay que afrontar situaciones nuevas, incertidumbres continuas y retos insospechados, como los que plantean estos tiempos de cambio, es más útil contar con una mente flexible y adaptable, que recurrir a las ideas fijas y visiones rí­gidas. Aunque parezca contradictorio, las personas con rasgos de carácter fuerte pueden ser débiles y vulnerables. Esto les ocurre cuando deben hacer frente a situaciones nuevas en su vida, debido a que su actitud inflexible puede impedirles adaptarse a los cambios de forma satisfactoria.

Esto se desprende de una investigación de la BI Norwegian Business School, efectuada con diez equipos directivos de empresa y, según la cual, hay organizaciones que desaparecen porque no logran adaptarse con la rapidez que exigen las transformaciones de su entorno debido, entre otros factores, a la inflexibilidad de sus gerentes y equipos de gestión. Mediante cuestionarios periódicos se evaluaron 16 rasgos de la personalidad e inteligencia de los participantes. Entre otros, sus niveles de estabilidad emocional, dominancia, atención a las normas, audacia social o atrevimiento, sensibilidad, apertura al cambio, autosuficiencia y perfeccionismo.

Se comprobaron que los rasgos de personalidad fuertes, como son una gran rigidez mental, el apego a una serie de conceptos considerados inamovibles, o la falta de adaptabilidad a las situaciones cambiantes, pueden generar una vulnerabilidad, al fomentar conductas que provoquen bloqueos cuando se modifican las circunstancias. También pueden reducir la flexibilidad de los equipos en su forma de hacer negocios y su capacidad de adaptarse al nuevo entorno.

De acuerdo a la investigación, este conocimiento debe inducir a realizar esfuerzos -en la elección y acción de los directivos y los equipos de las compañí­as- para superar la rigidez mental, que supone “una obstrucción en las situaciones de crisis”, y comprender “el valor de la reflexión y la flexibilidad mental”.

Según otro estudio, del psicólogo William Fleeson, de la Universidad Wake Forest, mantener una mentalidad flexible implica salud mental, incluso aunque a veces para adaptarnos a una nueva situación tengamos que actuar en contra de algunos rasgos de nuestra forma de ser que consideramos que no se pueden cambiar. En ocasiones la gente es demasiado rí­gida respecto de sí­ misma, aferrándose a una vida confortable, conocida y familiar, pero resulta positivo ser flexible con lo que uno es.

Para el psicólogo clí­nico italiano Roberto Crobu, director de í“ptima Coaching; las conclusiones de los estudios sobre la conveniencia de cultivar una mentalidad elástica, no sólo son aplicables al mundo empresarial, sino que también son válidas para nuestra vida personal. En declaraciones a EFE, Crobu describe a una persona con una mentalidad flexible, como alguien: -Con voluntad para superar su “zona de comodidad”, explorar nuevos territorios de su conciencia y del mundo a su alrededor, y de fluir en situaciones de cambio, sabiendo elegir los cambios antes que esperar a que los cambios le elijan a él o ella-.

Según este experto en Programación neurolingí¼í­stica y en Mindfulness -Técnica para desarrollar una Atención Plena- hay algunas estrategias psicológicas y ejercicios prácticos muy fáciles que puede aplicar una persona para desarrollar una mentalidad más flexible y adaptable a los cambios. Son los que siguen:

1.- PODER DE LA IMITACIí“N.
Recomienda que busquemos “a nuestro alrededor aquellas personas que consideramos flexibles para usarlas como modelo, observando cómo actúan y piensan, para tratar de hacer lo mismo”.

“Podemos incluso imitarles fingiendo al inicio, a modo de juego, como una prueba para ver qué es lo que pasa si hacemos las cosas de otra manera”. Da igual que nos creamos o no lo que estemos haciendo: Debido a un puro mecanismo de reforzamiento de nuestras redes neuronales, en muchas ocasiones comenzamos fingiendo algo y acabamos creyendo en ello“, señala el experto.

2.- SUSPENDER LOS JUICIOS Y RELATIVIZAR.
“Realmente lo que hace que la mente sea RíGIDA es el anclaje a un juicio que nosotros hacemos de la realidad, y no la realidad en sí­ misma. El mundo no es lo que vemos o sentimos con nuestros sentidos, sino lo que creemos acerca de lo que percibimos. Así­ acabamos en ocasiones siendo ‘esclavos de nuestros juicios’, que nos impiden ver las cosas de otra manera”, señala.

“Si queremos desarrollar una mente flexible, tenemos que darnos cuenta de que lo que nos hace daño no es la realidad en sí­ misma, sino el hecho de que estamos juzgando esa realidad como MALA para nosotros”.

“Ser conscientes en cada momento de que nos sentimos mal con respecto a algo debido al juicio negativo que tenemos sobre esa situación, es muy útil para descubrir cuál es el juicio que nos está haciendo daño y causando malestar y, así­, poder suspenderlo y después modificarlo”.

“Aceptar que estamos teniendo un juicio no funcional y permitirnos o darnos la oportunidad de cambiarlo, nos ayudará mucho. Cambiando el juicio, cambiaremos nuestro estado de ánimo. Hay que recordar que lo que resiste persiste -y duele-, y lo que aceptas se transforma”.

3.- CAMBIAR LA PERCEPCIí“N DE LA REALIDAD.
“Si cambiar un juicio no parece algo tan fácil, podemos reflexionar sobre qué es más difí­cil ¿cambiar uno mismo o tratar de cambiar el mundo a nuestro alrededor?”, añade.

“Un ejercicio que es tremendamente útil, consiste en preguntarse: ¿Cuál es la intención positiva de este acontecimiento desagradable o problema que tengo que afrontar?”, señala este profesional. “Siempre que afrontemos una situación DESAGRADABLE podemos hacernos esta pregunta clave para entrenar a nuestra mente en no quedarse con el pensamiento único del primer juicio, sino en buscar alternativas, salidas y soluciones”.

4.- LAS DOS CARAS DEL CAMBIO.

“El ideograma que los chinos usan para la palabra CRISIS está compuesto por dos ideogramas, de los cuales uno sirve para componer el concepto de PELIGRO y el otro para componer el concepto de OPORTUNIDAD”, explica el psicólogo.

“Quedarnos solo con uno de los dos aspectos contribuye a esa rigidez que queremos evitar”, señala, quien para cultivar una mentalidad más flexible y a desactivar el miedo a los cambios que subyacen tras la inflexibilidad mental, recomienda recordar este proverbio zen: “Cada hoja que cae del árbol al suelo, nos descubre un poco más el cielo”.

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