Zócalo de la Ciudad de MéxicoMéxico, en lengua náhuatl significa “el ombligo de la luna” y el ombligo de la Ciudad de México es su Zócalo.

El zócalo capitalino es sin duda el centro turí­stico más importante de la capital mexicana, ubicado en el primer cuadro del centro histórico de la ciudad, es un lugar que posee una belleza arquitectónica única y cuenta la historia de México desde su origen.

Hay muchas formas de llegar al zócalo, pero sin duda la más impresionante es llegar por el metro. Después de haber realizado el trayecto necesario por el subterráneo transporte, salir a la superficie y encontrarse con ese gran espacio abierto es como toparse de frente con un enorme monstruo que nos devora.

El espacio es tan amplio y abierto que provoca una sensación de libertad y al mismo tiempo de intimidación al verse rodeado de enormes y bellas construcciones erigidas alrededor. Al norte de la plaza está La Catedral Metropolitana, al oriente el Palacio Nacional, al sur el antiguo Palacio del Ayuntamiento y al poniente un gran recorrido comercial conocido como “El portales de mercaderes”.

Al centro de la plancha del Zócalo se levanta una bandera monumental que exalta el sentido nacionalista de todo mexicano, imponiendo respeto y orgullo nacional. La grandeza de su tamaño nos hace recordar que aquí­ en este mismo lugar, hace ochocientos años una tribu de nómadas llamados mexicas encontraron la señal que sus dioses les habí­an ordenado: Encontrar un águila devorando una serpiente sobre un nopal, para así­ comenzar a contar la historia de una gran nación.

Aquí­ en el zócalo confluye todo lo que en esencia envuelve la identidad nacional de los mexicanos, adentrarse en él es encontrarse con parte de su historia a cada momento. El afluente ir y venir de las personas es como integrarse a una danza generacional. El sonido de los tambores y los concheros que danzan al compás de sonidos prehispánicos nos recuerda que los mexicanos somos descendientes de dioses, que el plumaje de sus penachos nos conectan directamente con el cielo y el aroma del incienso purifica el ambiente y nos conecta con nuestros ancestros. Vivir la experiencia del Zócalo es ponerse en contacto con el origen.

En la esquina del noreste de la plaza, desenterrado, resistiéndose al olvido y a la destrucción del imperio español se encuentran los restos del templo mayor, la cual era la principal pirámide de adoración de las dos deidades supremas de los aztecas, Huitzilopochtli (dios el sol y la Guerra) y Tláloc (dios le la lluvia).

El centro histórico de México, siempre ha sido una gran metrópoli aun desde antes de la conquista española; bajo su asfalto se encuentra enterrada la gran Tenochtitlan, la ciudad que maravillo a los conquistadores españoles por ser la ciudad más bella jamás vista por sus ojos y en la actualidad aun a pesar de los siglos y de su metamorfosis el centro histórico sigue siendo bello.

Aprovechando el material de los templos derribados Hernán Cortés mandó construir la catedral de México, su edificación tardo 3 siglos, es considerada una de las obras más sobresalientes del arte hispanoamericano pues en ella está concentrada tres corrientes artí­sticas que prevalecieron durante su construcción, el gótico, barroco y neoclásico.

La Catedral va más allá de ser un santuario de oración, su enorme construcción de cantera impone respeto y admiración, en su interior está concentrada una gran colección de arte sacro, su arquitectura y su interior nos cuenta la historia de tres siglos de arte mexicano, posiblemente ningun museo del mundo provoque tal admiración y solemnidad como la que se siente al entrar a la Catedral Metropolitana donde todo es majestuoso, impactante y bello.

El Palacio Nacional con un estilo sobrio e imponente está construido al oriente del Zócalo, es el edificio más grande construido alrededor de la plaza, incluso es uno de los conjuntos arquitectónicos más grandes del paí­s. Fue construido en 1522 como segunda residencia privada de Hernán Cortés sobre lo que fue el palacio de Moctezuma y actualmente es la sede del poder ejecutivo de la nación.

El Palacio Nacional ha sido espectador de la historia de México, en él se han desarrollado pasajes cruciales de la historia de la nación por esa razón se le encargo a Diego Rivera crear un mural en 1929 donde plasmara el ciclo narrativo de la historia del paí­s desde los tiempos aztecas hasta el siglo XX. Dicho mural está abierto al público y puede ser admirado dentro de las instalaciones del Palacio.

Visitar Palacio nacional es maravillarse con la elegancia de su construcción, todo aquí­ está en armoní­a, sus portales, jardines, pasillos, escaleras, salones, todo en conjunto posee una gran estética e incluso pareciera que el palacio tuviera vida propia, es como un Viejo amigo que conoce muchas historias y nos las quiere contar a través de cada uno de sus rincones.

El Zócalo de la ciudad de México ha sido testigo imperturbable de grandes eventos de la historia, a lo largo de su existencia ha sufrido grandes transformaciones, ha sido espacio arbolado, ha albergado monumentos e incluso hasta un Mercado.

En la actualidad el Zócalo capitalino es como el centro de todo lo que representa la identidad Mexicana, es un lugar que une fí­sica y simbólicamente al pueblo de México. Además de ser un punto de encuentro de grandes festejos como el 16 de septiembre, también es un centro cultural, de expresión y manifestación.

El Zócalo es el Corazón de una cultura, su latir se siente en cada uno de los eventos que aquí­ transcurren, Al igual que la grandeza de su espacio así­ es la grandeza de lo que aquí­ sucede, si algo pasa en el Zócalo seguramente es algo grande.

 

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